viernes, 15 de agosto de 2008

Oasis de Arena

Exhausto, Alim hunde sus pies en la arena y los mueve cuidadosamente para sentir la granulosa textura entre sus grandes e impenetrables dedos. Es fina pero aún le raspa; la sensación le recuerda que él es dueño de su cuerpo. Hoy toca un nuevo e incierto rumbo, como todos los meses desde que asumió Asad, el nuevo líder del grupo. La orden de hoy, viajar hacia el norte e intentar juntar agua en el camino. Todos preparan su equipo y su ropa. Sin vida, sin pasión, buscan una señal para juntar fuerza y seguir adelante.

Malhumorado, Alim toma sus cosas y empaca; no volverá a ver a Hassab, el dueño de la tienda de cuero, ni a su familia con quienes se había amistado apenas hace 2 días. Incluso le prometió al más pequeño que hoy jugaría con él… pero no podrá ser.

-¿Cual es el sentido de todo esto?-Se pregunta con frustración-¿Cuándo podré estar tranquilo, disfrutar de la compañía de alguien por años?- Termina Alim, mientras Asad observa de lejos en silencio.

Alim agita la cabeza y mirando lejos de la tienda de Hassab se pone de rodillas. Hunde su mano derecha en la arena para soltar la rabia, la empuña y aprieta la arena dura que hay en el fondo con fuerza. Cabizbajo, los sonidos que lo rodeaban comienzan a desvanecerse y se transforman en uno sólo. Era como el sonido del antiguo kaman de su madre. Sus cuerdas vibraban tan elegantemente que al escuchar esa melodía podías sentir el roce un ligero paño de seda sobre la piel; cálido pero inesperado. En el aire se esparció un olor a hojas frescas y lavanda, como el del jardín del palacio real.

-No conozco ese sonido- Dice Alim, aun cabizbajo e incapaz de levantarse. –Los únicos instrumentos que hay por aquí son esos viejos tambores, para marcar el paso y darnos fuerza con su ritmo- Continuó extrañado.

En ese momento, comenzó a sonar insistentemente el tambor, señalando la hora para empezar a moverse. Levantó primero su cuerpo y luego su cabeza, lentamente, hasta que al estar completamente de pie sintió un ave pintada de azul posarse en su hombro derecho. Con su vuelo, desprendía una ligera fragancia a lavanda. Lo extraño era que ese precioso animal emplumado tenía un increíble aspecto de cansancio, igual que el que se veía reflejado en las caras de Alim y los demás viajeros.

-¿Qué eres, pequeña ave? Nunca había oído un canto como el tuyo- Le conversaba Alim al pajarito sobre su hombro que claramente no le podía responder. –Te ves sediento, toma de mi agua para que puedas seguir tu rumbo. Seguro que después podré encontrar más para mí- Continuó, mientras de su cantimplora juntó en sus manos las últimas gotas de agua para darle de beber.

De hombro en hombro su amigo emplumado saltaba de felicidad. Se posó en el borde de las manos de Alim para beber hasta la última gota, lo miró y después de un canto breve se empezó a desvanecer. Se comenzó a transformar en agua, rodeada de una nube azul inexplicable para Alim. Sorprendido, dejó caer el agua sobre la dura y áspera arena. Pálido, Alim mira el suelo y sin entender nada, observa como se empieza a abrir en la arena un pequeño oasis lleno de agua fresca. Y de fondo, una melodía igual a la que cantaba su pequeña amiga alada.

Los demás viajeros miraban este espectáculo en asombro. Murmurando entre sí, se pararon detrás de Alim como si fuese el elegido para recibir este regalo. Igualmente esto les provocó desconfianza y estaban preparados para contenerlo por si fuese obra de un djinn. Desde dentro de la nube azul que se hallaba sobre el agua empeñándose en reemplazar la infinita arena, comenzó a surgir una mujer de piel levemente oscura, contextura delgada y pelo oscuro. Cambiando la fragancia en el aire por la de una rama de lavanda.

-Cansados y frustrados de tanto viajar, obligados a echar raíces sólo entre ustedes mismos, aún hay gente como él, dispuesto a entregar lo poco y nada que tienen para ayudar a otra criatura- Comenzó a decir la misteriosa mujer, con una entonación parecida a la melodía del pequeño pájaro azul que apenas saltaba de felicidad sobre los hombros de Alim. – Junten el valor y la fuerza para seguir, es lo que les ha tocado, pero nunca desperdicien las oportunidades que les presente la vida.

-¡Nunca paramos de viajar! Somos fuertes y resistentes, ¡pero somos personas!-Le dijo un hombre de la multitud.

-Cuando lleguen a su destino final, podrán vivir en paz. Hasta entonces, viajen, luchen si deben luchar, y no dejen que ninguna oportunidad se escape de sus manos. Tomen toda el agua de este infinito oasis que he creado para ustedes antes que se desvanezca; no están solos. –Siguió diciéndole al grupo de viajeros – Alim, ¿no sabías que el hijo pequeño de Hassab muere por conversar contigo de tus viajes?

Entre gritos de felicidad por el hallazgo del oasis, Alim seguía pálido como una nube. Dio unos pasos hacia la misteriosa mujer, pero se volvió a desvanecer lentamente dentro de una nube color azul. Con el sonido del fino kaman, envolvió el espíritu de las personas y las dudas de Alim en un velo de seda mientras se fusionó con el agua del oasis. Las energías de los hombres estaban repuestas y los ánimos aún por el cielo.

De la fuente de agua infinita volvió a surgir esa hermosa ave de color azul, dirigiéndose hacia Alim para posarse sobre su hombro una vez más. El viaje continuaba a la tarde, después que todos llenaran sus provisiones de agua. Mientras tanto, Alim se dirigió hacia Asad para preguntarle si podía quedarse un día más en el campamento y estar con el hijo menor de Hassab.

Alim miró hacia su hombro derecho para apreciar con más tranquilidad a ese espectáculo de plumas azules pero para su sorpresa ya no estaba. Entre los trapos que lo vestían, pudo ver que en el centro de su pecho tenía tatuada la imagen de una de sus majestuosas plumas con un leve toque de blanco. Llevaba ahora ese dulce sonido del kaman de su abuela, y lo que vivió ese día consigo para siempre.

-No cualquier persona hubiera reaccionado como lo hiciste tú el día de hoy. Intenta que ese aprendizaje quede dentro de ti, cultívalo y compártelo sólo con aquellos que quieran aprender. Si yo estoy donde estoy, es porque se presentó la oportunidad y la tomé igual que tú el día de hoy. Mañana, quién sabe qué nuevas oportunidades se nos presentarán.

Alim no supo qué responder más que agradeciendo las palabras de Asad. Salió hacia el oasis, y se mojó tanto la cara como la marca que quedó dibujada en su pecho en signo de gratitud. Viendo a todos partir, se dirigió hacia la choza de Hassab; mañana le tocará un largo viaje.

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