Daniel, al menos así me dicen desde que soy pequeño.
Soy la consecuencia de una serie de interacciones, relaciones, acciones que una tras otra lograron que exista, respire, y tenga la capacidad de reflexionar. Un eslabón en la cadena infinita y sin rumbo del destino; éste no me controla.
-Hey, Dan... Estas hablando en voz alta otra vez -Agregó Alejandro- ¡Cuándo vas a aprender a poner un filtro entre tu cabeza y tu boca!
-¿No me estarás pidiendo mucho? -Respondí- Acaso no recuerdas cómo la semana me tuviste que hacer la Heimlich para escupir el pedazo de pan que se me atascó en la garganta porque me pediste que sostuviera tu vaso de vino por unos segundos?
Ahora sí, pensando para mi mismo continúo, antes de perder el hilo. Forjo mi propio camino, y trazo la línea de mi existencia por cualquier parte de la cadena que quiera mientras sea capaz de darme cuenta de su magnitud y el material que la compone.
-Te quedaste callado... apuesto a que estas continuando lo que decías en voz alta para ti mismo y te olvidaste que estoy al lado tuyo- Agregó innecesariamente Alejandro.
-¿Sigues aquí? -Le devolví bruscamente en un intento de hacer parecer como si no me diera vergüenza
Olvidé que el Alejo seguía ahí.
-¡Qué tipo de destino me estaré forjando si soy así de descuidado!
¡Maldita sea! Lo hice de nuevo...
-Te voy a hacer un favor y no te diré lo que acabas de hacer -Dijo Alejandro en un tono burlesco- ¡¿Por qué no mejor nos lanzamos al lago?! Total… ¡para eso vinimos!
¡Mierda! ... olvidé traer mi traje de baño
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