domingo, 17 de agosto de 2008

Atiya

Encerrados por horas en la vivienda de Hassab, finalmente se escucha un largo silencio y la apertura de la puerta de un cuarto. Todos los habitantes del pueblo sabían que Alim se había quedado en casa de los Hassab esa noche, y estaban pendientes de intentar escuchar la conversación. Entre risas, llantos y suspiros, nadie pudo realmente escuchar ninguna palabra de lo que se habló.

-¿Qué pasó en la tarde Alim?- Dijo el pequeño Badr, hijo de Hassab- Ese pequeño pajarito dejó su ala en tu pecho, pero ¿quién o qué es? –Continuó, buscando alguna respuesta

-Les voy a contar un cuento –Interrumpió Hassab –Nunca pensé que fuera realidad, pero creo que acabamos de ver a Atiya, y ella es quien se ha inscrito en tu cuerpo como si estuvieses tatuado. – Terminó Hassab, dirigiendose en ese instante a buscar su antigua copia del "أنتقيأربسميتهلقي".

Y así "Mitología Árabe Antigua", el conocido libro escrito por Siraj Zahir que Hassab heredó de su abuelo comenzó a revelar su relato buscando en el glosario el capitulo bajo la letra A, de Atiya.

"Atiya – Pg. 32

Atiya se formó un día en el que el cielo se veía más azul que el color que toma la luna cuando coinciden dos de ellas llenas en un mes. Ese día, sobre el río Eufrates, colisionaron un diamante y un rubí, que combinando su belleza y escasez crearon una nueva piedra preciosa; Atiya. En la profundidad del Eufrates, se combinó el resistente e intenso polvillo rojo del rubí, con los cristalizados fragmentos del diamante. Juntos crearon una pequeña esfera sólida cuyo centro era de un rojo intenso, como el color que se debería ver al mezclar una gran gota de sangre con una de vino tinto, protegida por una capa más gruesa de diamante casi impenetrable para salvaguardar su esencia.

Cuentan los grandes grupos nómades, de esos territorios, que un día un cuerpo muy parecido al de un pequeño pájaro azul cayó lentamente como una pluma desde el cielo hacia dentro del rio. Momentos después, el aire y el agua se dieron vuelta, y de un gran geiser de agua nació un pequeño ser emplumado, cubierto de una potente aura de color azul.

La fuerza de la erupción del geiser fue tal, que sacó a un árbol, que estaba por impactar a esta majestuosa criatura, de sus raíces. Atiya, con un leve toque de su ala, convirtió a ese grande y poderoso dios de madera en agua pura y del mismo color de luna azul que pintó el cielo ese día que se formó esa pequeña esfera preciosa.

Entre tanto ruido y agua, los nómades perdieron de vista a Atiya por un segundo. Cuando miraron nuevamente, lo único que pudieron divisar fue una mujer alejándose, desapareciendo."

- Mi abuelo me contó un buen día –Continuó Hassab, cerrando el libro –que si se graba una de las plumas de Atiya en alguna parte de tu cuerpo, podrás llamarla para convertir lo que quieras en agua. Pero si abusas de tu suerte, la marca se desvanecerá y no volverás a saber de ella.

Dentro de los incontables viajes de Alim, nunca le había pasado algo tan grande como lo de esa tarde. Ahora, sin embargo, tenía agua para muchos meses por las gigantescas cantidades de agua recaudada por su grupo. –Creo que no es el momento para hacer algo estúpido –Comenzó a decir Alim –Gozaré del agua que he recibido, y cuidaré esta marca para ver qué hacer con ella cuando el tiempo y las condiciones así lo permitan.

Alim tomó una especie de bufanda para cuidar la marca de Atiya, echó sobre su camello muchísima agua, su ropa y sus objetos preferidos, y fue a alcanzar a los demás. Badr se despidió de lejos.

1 comentario:

Pola Barros dijo...

que se dijo uno vez de los caminos taladrados de dudas, de los viajeros, los inmigrantes pasivos, de las carreteras humedas y los huesos rotos de un caminante sin rumbo en el centro de su esfera, se crea la gran respuesta a la hora de su encuentro con lo real. Muy bueno marciano, me sorprende saber que tenias mas que dudas en el alma