-Susurros en el viento a medianoche, he recorrido este pueblo demasiadas veces, sin darle significado a nada.
-¿Qué susurros Dan? –Me pregunta ingenuamente uno de los sujetos
¡Mal!… estoy pensando en voz alta de nuevo… usaré el viejo truco del cambio de tema
-¿Haz escuchado alguna vez la palabra Metáfora? M-e-t-a-f-o-r-a; para ti, con M mayúscula. –Respondí- Es cuando… viejo… averígualo por ti mismo –Me doy vuelta y me voy para estar solo un momento
Día tras día, transito los mismos angostos caminos que me llevan a mi casa después de un largo día de trabajo. Mis manos y pies llenos de marcas, heridas formadas por mi trabajo tallando en madera. Son marcas de guerra que me recuerdan del esfuerzo que se requiere para crear algo realmente grande y majestuoso.
Escucho una voz en el viento, como un grito de auxilio sin aliento, buscándome para contar una historia. Los viejos sabios dicen que los ruidos etéreos predicen fuertes tempestades. Espero que no llueva… no desde ese día; no después de haberme venido a este pueblo abandonado para escapar del agua que se llevó a mi familia.
Hace cuatro años que no llueve aquí, en esta isla caribeña. Dicen que hay una corriente de viento tan fuerte por encima de esta zona, que arrastra la lluvia directamente sobre la Habana. Imagino que no son más que cuentos de borrachos y coincidencias temporales.
Parado en las calles de este pueblo, a las 8 de la noche, me dirijo a la plaza. Curiosamente, siento que estoy siendo guiado por una gran pluma blanca con un borde negro que arrastra el viento; sonrío en asombro. Escucho gente reír, vasos chocar y otros caer dentro de algunas casas en el tramo hacia la plaza; todos tras puertas cerradas. Al fondo del pasaje, una cantina abierta; nadie bebiendo. Sólo se ve un anciano sentado con sí mismo; me mira de reojo.
...
No hay comentarios:
Publicar un comentario